Japan Travels, Part two!

I had a diary once, when I was a young girl. It was a Barbie diary that someone gifted me, because it was a common gift when I was younger either paints or pencils, or well, notebooks to draw on. At the time, the fashion were those diaries that came with brass lockers that kept them closed but that you could open with a simple office clip, and those terrible little keys, lost in the first week. I had some of those diaries; I used them to draw insects.

The Barbie diary (without the awful locker, but with a big declaration on the cover that said “My Diary”, with avoided it to be secret which it was what one usually wishes to have in a private diary) was the only notebook that I actually used as a diary. The only reference I had for writing diaries came from movies and series (Dear Diary, meow, meow, meow), so I used it was much as it was supposed to be used: I wrote the bland events of the weekend on the first two pages and finished the rest with Harry Potter’s spells.

In a way or another, this is the first diary I had in a long time. And I had to travel to Japan to write again, because otherwise I wouldn’t do it.

You can read the first part here.

Tuve un diario, una vez, cuando era chica. Era un diario de Barbie que me habían regalado, porque un regalo común de cuando era chica o bien eran fibras y lápices de colores, o papeles para dibujar. Estaban de moda los diarios que venían con un candado de latón que los cerraba, pero que se podía abrir fácilmente con cualquier clip de oficina, y esas terribles y diminutas llaves que se perdían en la primera semana. Tuve algunos de esos diarios, y los usaba para dibujar insectos.

El diario de Barbie (sin terrible candado por suerte, pero con una enorme aclaración en la tapa que decía “Mi Diario”, lo que lo evitaba hacerlo secreto, cosa que uno desea cuando se trata de diarios íntimos) fue el único cuaderno que use como diario. Mi única referencia sobre escribir diarios venía de películas y series (Querido diario; miau, miau, miau), así que utilicé el cuaderno para esta función tanto como se suponía que debía usarse: Llené dos páginas de los insulsos eventos de ese fin de semana, y el resto con los hechizos que sacaba de Harry Potter.

De una forma u otra, este es el primer diario que he tenido en mucho tiempo. Tuve que viajar a Japón para volver a escribir, porque de otra forma no lo hacía.

Pueden leer la primera parte acá.

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We went to Takeshita Street, in Harajuku, Tokyo. And because we are such special humans’ beings, and because that was what the GPS told us, we walked the street backwards, beginning in the end and finishing in the start.

In the city of Tokyo inhabit around 13 million people in its 23 neighbourhoods, and you can add other 20 million of people travelling. As a reference, this is almost the population of Canada (35 million of inhabitants). Well, with these fresh pieces of information, I can assure you that half of the city population was buying in that street. There was so many people that it was almost impossible to move around, but it that doesn’t matter at the end when you can see that many stores of absurd fashion, enourmous lolita dresses, and women shouting intelligible-less make-up offers.

Fuimos a la calle Takeshita, en el barrio Harajuku, aún en Tokio. Y porque somos personas especiales, y porque el GPS nos marcó así, la recorrimos al revés, empezando por el final y llegando a la entrada, calle arriba.

En la ciudad de Tokio viven alrededor de unas 13 millones de personas en sus 23 barrios, y se suman otras 20 millones de habitantes pasajeros. Como referencia, esto es casi la población del país de Canadá entero (35 millones de personas). Bien, con estos datos frescos, les puedo asegurar que en la calle Takeshita estaba la mitad de la población de la ciudad comprando. Había tanta gente que era casi imposible moverse, pero eso no realmente importaba. No al menos cuando tenes negocios vendiendo todo tipo de ropa absurda, enormes vestidos lolita y mujeres gritando ofertas inentendibles sobre maquillaje.

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This is the Tokyo Metropolitan Government Centre. It counts with forty five floors and it’s placed in the middle of the business and office centre in Shinjuku. Its design is inspired in a computer chip, because deal with it, because it’s the only place in the world where you can inspire the architecture for the politic activities of a city on a computer.

The other thing that surprised me at the arrival, a part of the size of the building, is how Japanese people live in the future, because it was already on display the designs for the upcoming Olimpics.

The sky viewpoint is free to access, and maybe is not as tall as the Tokyo Skycentre, but one can’t ever get tired of looking at Japan from the high. I recommend going at sunset because you can see the city slowly light up as the night comes.

Este es el Centro Metropolitano del Gobierno de Tokio. Cuenta con cuarenta y cinco pisos y se ubica en el medio del centro de oficinas en Shinjuku. Su diseño está inspirado en un chip de computadora, porque sí, porque es el único lugar del mundo donde las computadoras inspiran a las arquitecturas relacionadas con la política de una ciudad.

Otra cosa que me sorprendió al llegar, además del tamaño, es como los japoneses viven en el futuro, porque estaban ya poniendo en display los diseños para las Olimpíadas.

El mirador es de acceso gratis, y pese a que no es tan alto como la Aguja de Tokio, uno nunca se puede cansar de mirar Japón desde arriba. Mucho más recomendado ir al atardecer, porque se puede ver como las luces se van encendiendo de a poco en Shinjuku.

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We went to Nagoya. We went out early in the morning to avoid delays in what is the biggest train station of the country, Tokyo train station. Advice: don’t go in a hurry because you can easily stay during an hour there and walk the diameter of a little city while trying to follow the most complex indications.

We lost ours, train we had already reserved seat, and that it went out at eight seventeen in the morning (in this country you don’t round numbers. Take seriously every thirteen, twenty eight, and forty five with fifty seven seconds because all trains are on time always), but this is Japan, of course. We took the next one, and we sat in one of the not reserved cars.

Fuimos a Nagoya. Salimos bien temprano a la mañana para evitar demoras en lo que es la estación de trenes más grande del todo el país, la estación de Tokio. Consejo: no vayan con apuro, porque fácil pueden perder una hora ahí adentro, caminando la distancia equivalente al diámetro de una pequeña ciudad intentando seguir indicaciones más complicadas existentes.

Nosotros perdimos el nuestro, el tren cuyo asiento habíamos reservado y que salía a las ocho diecisiete de la mañana (en este país los números no se redondean. Tómense en serio todos los trece, veintiocho, cuarenta y siete con treinta y dos segundos, porque todos los trenes son cronometrados), pero esto es Japón, claro. Tomamos el siguiente tren en uno de los vagones sin reserva.

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We left my father in one of the change station, because ha had reserved a tour in the Toyota museum, in another city, and we went to Nagoya.

It was raining when we arrived.

The hotel staff called a secretary who knew Spanish, they took care of our luggage, gave us umbrellas for the rain and let us stay for a while in the common room while our room was being prepared. Then they gave us our magnetic keys and, all smiling as always, taught us how to use the elevator that would only activate with the key card. When the doors closed my mother looked at me and said:

-I think we will never have a better service than the one here-

And that is true. You will never find more polite, smiling, patient and careful employees than in Japan.

Nagoya is one of the principal ports of Japan, being the third biggest city and the fourth most populated, but anyway, while we were walking it in our way to the hotel we could see that the Japanese town dream was still there. It’s a city where one can feel comfortable without feeling away from the cultural constant movement of thing to do and see.

Dejamos a mi padre en una de las estaciones, ya que tenía la reserva para ir a una visita guiada al museo de Toyota, y nosotras seguimos nuestro camino hacia Nagoya.

Cuando llegamos estaba lloviendo.

El staff del hotel llamó a una secretaria que sabía español, nos cuidaron las valijas, nos prestaron paraguas para la lluvia y nos dejaron quedarnos durante un rato en la sala de estar mientras acomodaban las habitaciones. Después nos dieron nuestras llaves magnéticas y una de las secretarias, sonriendo como siempre, nos acompañó y nos enseñó cómo usar el ascensor que solo se activaba con las tarjetas. Cuando las puertas se cerraron mi madre me miró y me dijo

-Nunca nos van a atender tan bien como nos atienden acá-

Y es verdad. No hay otro lugar del mundo donde puedas encontrar personas tan amables, sonrientes, pacientes y dispuestas a ayudarte como en Japón.

Nagoya es uno de los puertos principales de Japón, siendo la tercera ciudad más grande y la cuarta más poblada, pero aun así, mientras recorríamos nuestro camino hacia el hotel, nos percatamos de que no perdía para nada ese sueño del pueblo japonés. Es una ciudad donde uno se puede sentir acogido, pero no perderse de la gran movida.

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We went to the Nagoya Castle, a castle originally built in the Edo Period. Crowning the top roof of the castle there are two royal dolphins, a male and a female looking to both sides of the horizon, which principal function is to bring the rain, a rain to put out the fire.

It doesn’t work, clearly, since it had to be rebuilt many times due to constant fires. The last fire was the most destructive of them all, caused by the U.S. forces bombarding the city in 1945, almost reducing the iconic site to ashes.

Today we can enjoy the castle completely restored, with its dolphins as the image of all Nagoya, since you can not only buy shirts and key chains, but also, inside the castle gardens, hot dolphin cookies filled with chocolate, aduki beans or matcha. Yes, I will always remember the food first.

Visitamos el Castillo de Nagoya, un castillo originalmente construido en el famoso Periodo Edo, Coronando el techo superior hay dos delfines, un macho y una hembra mirado hacia cada lado del horizonte, cuya principal función es atraer las lluvias que apaguen los fuegos.

No funciona, claramente, ya que el castillo ha tenido que ser reconstruido varias veces debido a fuegos constantes. El ultimo incendio fue el más grande, producido por los bombardeos de Estados Unidos a la ciudad en 1945, casi reduciendo este sitio icónico a cenizas.

Hoy se puede disfrutar del castillo completamente reconstruido, y sus delfines se convirtieron en la imagen de todo Nagoya, y no solo se puede conseguir desde llaveros y remeras, sino que dentro de los patios del castillo se pueden comprar unas galletas rellenas de chocolate, matcha, o aduki con forma de los delfines. Sí, siempre me acuerdo de la comida primero.

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Travel day, again. We moved to Takayama, a small town that is not that small actually, at the north of Japan. By the way, more to the north equals being further away from spring, which also equals to more layers of clothes.

Takayama is at the foot of the Japanese Alps and it looks like its centre has been stuck in time, specifically stuck in the sixteen century when the clan Kanamori built Takayama Castle.

A part of the city looks like a normal Japanese place, it’s when you are walking to the centre that you travel through time, as the shops and stores are places in the original Japanese wood houses. We walked the city, we went down the river from the bridges, we drank all the sake samples that we were allowed too and we tried industrial quantities of different Japanese sweets in the souvenirs stores.

Día de viaje, otra vez. Nos movemos a Takayama, un diminuto pueblo que en verdad no es tan diminuto, hacia el norte de Japón. Por cierto, cuanto más al norte, más lejos de la primavera, lo que equivale a aún más capas de ropa puesta.

Takayama está al pie de los alpes japoneses y parece que su centro ha quedado estancado en el tiempo, más específicamente en el siglo dieciséis cuando el clan Kanamori construyó el castillo de Takayama.

Una parte de la ciudad luce como un pueblo japonés normal, es a medida que vas caminando hacia el centro que vas volviendo en el tiempo, puesto que los negocios están todos construidos en las originales casas de madera. Recorrimos la ciudad, bajamos al río desde los puentes, tomamos todas las muestras de sake permitidas y probamos cantidades industriales de dulces originales japoneses de las muestras gratis en las enormes tiendas de chucherías.

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We went to the Hidden Village of Hida, at a bus of distance. Hida Folk Village is the only open air museum where you can see original houses from all Japon, which varies from an age of a hundred years old to five hundred years old; moved from their places of origin and transported for their conservation and care.

This fictional town reacts the most important functions of the community at the time: a place for wood workers to sleep and work, the old stable, the place where wool was made a processed and then the cloths were made, the house where they would make the dolls for the Doll Festival (yes, it’s quite scary, no, it hasn’t been done an horror story in Hida yet), and others.

Because it’s Japan, you could also collect stamps in all the historical sites.

By the way, I remember you that the north it’s far away from Spring: there was fresh snow in Hid, but that didn’t avoid tourist from taking off their shoes to walk around inside the buildings.

This is why I’m pretty sure it was this day I got cold. By the time we reached Osaka, the next day, I was completely sick.

Visitamos el Pueblo Escondido de Hida, a solo un viaje de bus de distancia. Hida es el único museo al aire libre donde se pueden ver casas originales de todo Japón, que varían de una antigüedad de cien a quinientos años, movidas de su lugar original, y trasladadas para su conservación y cuidado.

Este pueblo ficticio revive las funciones más importantes de la comunidad en el momento: un lugar donde los leñadores talaban y descansaban, el antiguo establo, el lugar donde se procesaba la lana y más tarde se tejía la prenda, el lugar donde se construían las muñecas para los festivales (si, daban miedo, no, aun no se hizo una película de terror en Hida), entre otros.

Como es Japón, tampoco faltaban las famosas estampas para recolectar en cada sitio histórico.

A todo esto, le recuerdo que cuanto más al norte, más lejos de la primavera: en Hida había aùn nieve fresca, pero eso no evitaba que los turistas se sacaran las zapatillas para recorrer las construcciones por adentro.

Eso y estoy bastante segura que este fue el día en el que tome frío, porque para el día siguiente tuve otra recaída y terminé por enfermarme completamente.

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In the next Japan post, Osaka, Nara, Kyoto, Kobe and my arriving to Hiroshima! But not this next week, that week I will talk about work. Until then!

En la siguiente entrada, ¡Osaka, Nara, Kyoto, Kobe y mi llegada a Hiroshima! Pero no la semana que viene, la semana que viene me toca hablar trabajo. ¡Hasta entonces!

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